Haces más que nunca y tu cuerpo responde menos que nunca. No es tu constancia: te han entrenado como a un hombre.
Ponlo con sonido y míralo entero.
Cuando termines, reserva tu llamada conmigo.
45 minutos, uno a uno conmigo, gratis y sin compromiso.
Tres tardes a la semana entre pilates, gimnasio o clases. Cumples con todo, y sales de clase reventada.
Cenas ligero de lunes a jueves. Y el sábado te pones el pantalón de siempre y aprieta igual que el primer día, sobre todo por la tripa.
Como no se mueve nada, aprietas más: una clase más, un rato más de cinta, un poco menos en el plato. El cansancio sube. El pantalón sigue igual.
Aguantas así unas semanas, hasta que llega una semana mala —el trabajo, la casa, un imprevisto— y se cae todo. El lunes vuelves a empezar de cero.
Por las mañanas eliges la ropa pensando en la tripa. Lo notas al vestirte y al mirarte.
Nunca habías hecho tanto, y tu cuerpo nunca te había respondido tan poco. Y empiezas a pensar que el problema eres tú.
Y haz la cuenta: tres tardes a la semana, cuatro semanas al mes. Mucho esfuerzo para que el sábado el pantalón te diga lo mismo. Y cada año cuesta un poco más, porque el músculo que se pierde no vuelve solo.
No es la edad, y no te falta constancia. Te han entrenado como a un hombre, y cansarse no es construir. En el vídeo te explico por qué y qué se hace en su lugar.
Si te has reconocido, esta llamada es para ti.
Soy Manolo. Y empiezo por lo que no soy: no soy el que te va a prometer diez kilos en un mes, ni el que te manda una dieta y una tabla de ejercicios y desaparece.
Soy entrenador personal, graduado en Ciencias de la Actividad Física y del Deporte. Entreno desde 2013 y desde 2017 me dedico en exclusiva al uno a uno. Desde hace años, solo a mujeres.
Y a las mujeres que llegan como tú, haciendo de todo y sin que su cuerpo responda, les digo dos cosas con la mano en el pecho.
A partir de cierta edad, tu cuerpo deja de responder al déficit y empieza a responder al estímulo. Si haces lo de siempre, comer poco y moverte mucho, lo que consigues es perder músculo. Con menos músculo tu cuerpo gasta menos, y al mes siguiente tienes que comer todavía menos y entrenar todavía más para lo mismo. Ese es el bucle, y por eso cada vez haces más y tu cuerpo responde menos.
Y hay otra cosa que casi nadie te dice: no entrenas mal, es que te han entrenado como a un hombre. Las mismas rutinas, los mismos porcentajes y la misma progresión que a un chico de veinticinco, sin tener en cuenta nada de lo que le pasa a tu cuerpo ahora.
Son tres zonas, y el orden es lo que hace que funcione.
Tres entrenamientos de fuerza a la semana, de alrededor de una hora, en tu gimnasio o en casa. Adaptados a lo que puedes hacer tú hoy y pensados para el cuerpo de una mujer. Aquí no vas a machacarte: vas a construir.
Sales de aquí con un cuerpo que responde: la base de todo lo demás.
Es la que más te preocupa, y va la segunda a propósito. La tripa no se baja con abdominales: se baja cuando tu cuerpo ya tiene músculo para gastar más y la comida acompaña.
Sales de aquí notando el cambio donde más te importa: en el pantalón.
No te doy una dieta: te doy un recetario con lo que ya te gusta. Lo que te gusta se queda; lo que no, fuera. Comes lo de casa, sin pesar nada, y con una forma de organizarte que aguanta una semana mala, un viaje de trabajo o un mes complicado.
Sales de aquí sabiendo sostenerlo tú sola.
Fíjate en el orden, que es lo más importante. Casi todo el mundo quiere empezar por la dos. Quiere la tripa. Y por eso hace dieta y abdominales, pierde músculo, y a los tres meses está peor que al principio.
«Contacté con él porque había perdido muchísima masa muscular, y a nuestra edad la única forma de recuperarla es haciendo ejercicios de fuerza. Me ha sorprendido el cambio que he realizado en mi cuerpo en tres meses. Pensaba que tomaba mucho más tiempo.»
«Todos los años, después del desfile, me dolían la espalda y los riñones de estar horas con el traje ahí parada. Y este año eran mis compañeras las que se quejaban, porque yo estaba perfectamente. Creo, sin duda, que ha sido a través del entrenamiento de fuerza.»
«No me veía bien físicamente, me encontraba muy cansada, y todo me influía para estar aún peor anímicamente. Cuando empiezo con él, me empiezo a encontrar bastante mejor, mucho más activa. Ha sido la mejor inversión que he podido hacer.»
Porque vamos a mirar tu caso concreto: qué entrenas, qué comes en un día normal, qué has intentado ya y qué dejó de funcionarte. No un patrón genérico. Tu cuerpo y tu semana.
Porque vas a salir sabiendo por qué la tripa no te ha bajado con lo que haces y qué cambiarías esta semana. Aunque después decidas hacerlo por tu cuenta.
Porque trabajo con pocas clientas a la vez, en un acompañamiento de tres, seis o doce meses que se puede pagar en tres plazos. El precio exacto te lo digo en la llamada. Y si veo que no es para ti, también te lo digo.
Son 45 minutos, gratuitos y sin compromiso, uno a uno conmigo. Y no salen vacíos.
Una cosa antes de reservar: son tres entrenos de fuerza a la semana, de alrededor de una hora, en casa o en tu gimnasio, y los haces tú. Si ya vas tres días a clase, el tiempo lo tienes: lo que cambia es lo que haces en él.
No te va a pasar nada mañana. Seguirás yendo a tus clases, saliendo reventada, y el sábado el pantalón te dirá lo mismo. La pregunta es cuántos meses más de esfuerzo que no se nota.
Con alguien que entienda el cuerpo que tienes hoy. Son 45 minutos conmigo, gratis y sin compromiso, y sales sabiendo qué cambiarías esta semana.
Lo que buscamos es que el pantalón de siempre te vuelva a abrochar sin apretar. Entrenando fuerza tres días a la semana y comiendo lo de casa, sin dieta y sin pesar nada. Y conmigo revisándolo cada semana.
